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QUID
La cuestión no es si tú me amas o yo te amo, poco importa lo que cada uno sintamos por separado. La cuestión es si ambos nos amamos. Y la respuesta a esta pregunta sólo puede ser el amor. No sirve ninguna otra artimaña.
EL MUNDO O YO
SIN EL MUNDO SOY EL BRAZO QUE IGNORA LA POSICION DE SU MANO;
SIN EL MUNDO SOY EL TRAZO DESNUDO EN UNA HOJA EN BLANCO;
SIN EL MUNDO SOY EL REMIENDO DE COSTURAS IMPROBABLES;
SIN EL MUNDO SOY LA CALLE VACÍA, EL LIBRO CERRADO;
SIN EL MUNDO SOY YO, DIMINUTO Y HUÉRFANO DE MI PROPIA PIEL.
SIN EL MUNDO ME HAGO TODAS LAS PREGUNTAS
Y LOS MUNDANOS ME LLAMAN IGNORANTE.
VIVO O MUERTO
¿Qué es la muerte que tanto tememos? Dejar de vivir, supongo.
Quizás, la vida que tememos perder sea lo que nos falta por vivir porque lo que hemos vivido ya no puede volver y, entonces ¿qué es la vida que tanto anhelamos? Dejar de morir, parece ser. Pues cuando anhelamos algo es porque nos falta y apenas lo soñamos en el radio de las ilusiones que recorre nuestro centro imaginario. Luego no podemos decir que estamos vivos salvo si estrechamos la vida al campo de lo puramente fisiológico, dado que todo lo demás que conforma al individuo como tal, no existe. En cada experiencia, antes de cerrrar un capítulo estamos abriendo otro para sobrevivir o justificar el anterior, ese capítulo inacabado es lo que tememos y preferimos no saber. La mayor parte de los episodios que rodean nuestra vida son "agónicos" y nuestras actitudes y comportamiento se organizan para protegerlos de su aparente extinción, nos defendemos de nosotros mismos. Así que mejor es que siempre nos quede por vivir, por razones obvias, pero también, porque lo vivido no nos satisface ya que no se termina de ajustar a nuestro imaginario de la felicidad.
Y, me temo que ninguno podemos saber lo que nos falta por vivir pues ni siquiera en el momento que formulamos el pensamiento “estoy vivo”, llegamos a tiempo para tomar conciencia de ese instante, es tarde y ese momento feliz ya pasó. Si tomáramos conciencia real de ese instante no podríamos decir que fue antes o después, tardío o preciso; es la ilusión de fijar los hechos en una escala temporal lo que nos hacer creer que la realidad vive o muere, que la realidad comienza o termina. Cuando vivimos con conciencia el tiempo se mide en vacío, la experiencia es un acto de ser que no busca prolongarse sino tan solo abarcar su máxima expresión.
La realidad se transforma, se encuentra sumida en un proceso inexorable de cambio, la existencia busca tomar conciencia, percibir el infinitésimo. Alguien que amamos puede faltar mañana y ¿quién llora qué? ¿por qué tiene que morir ahora y no antes? Si acordamos que vivir no es un acto fisiológico y éste, su medio de expresión ¿por qué ahora tendría que serlo?
En definitiva, las cosas son como pueden ser pero no por ello dejan de ser lo que fueron. Si no puedo sonreírte la luna se reflejará cerca de ti o un libro caerá y se abrirá en la página que no leímos. Siento, luego vivo; vivo, luego existo; existo, luego muero.
LA VIDA DEL ÁCARO
Los que miran con descaro, seducen con mentiras, critican por despecho, juzgan o sojuzgan; los que husmean y se frotan las manos con la quimera o el antojo de lo posible. Los que ríen de lo banal y lo mediocre ajenos. Los que persiguen la noticia en la basura y la engordan con su mezquina ignorancia. Los que viven como parásitos y son incapaces de conducir sus propios pasos bajo el designio incuestionable de su voluntad. Los que retozan en su apatía y se jactan de estar haciendo lo mejor para no caer en la cloaca del resto del mundo. Los que lloran sus propios desperdicios, los que espantan sus virtudes, los que penan sus caprichos, los que adoran su cartera y la piel de su cartera, los que dormitan en sillas blandas, los que esgrimen pesadillas por sueños increíbles, los que callan sus vergüenzas, los que caminan de frente para no mirar a los lados, los que estriban su idiotez en la hipocresía, los que viven en el baúl de su memoria, los que no quieren morir para no ver otra vida en su lugar.
A todos ellos: pasaba por aquí, buenas noches. Viven como la baldosa que decora los salones por donde pisamos los que nos movemos.
EL ÁRBOL DE LA VIDA
LAS PUERTAS CERRADAS, EL PARAJE REMOTO SE AUSENTA DEL FESTÍN Y SALE COMO UNA OFRENDA EN BUSCA DEL CORAZÓN DE UN PÁJARO MUERTO. COMO UN ARROYO EN MITAD DE LA NOCHE LO ARRULLA Y LA MUERTE EMPRENDE EL VUELO HASTA POSARSE EN TODO.
HOMEM DA RUA
Hoje foi dia de lembrança, São Paulo vim com seu rosto frio a pedir mudança.
FLUYENDO
HOY EL VIENTO ME HABLA DEL AMOR CON LA SONRISA DE UNA HOJA RECIÉN LLEGADA AL MISMO ÁRBOL DE HACE MIL AÑOS.
LA VIDA ES SUEÑO, SI. Y YO UN GILIPOLLAS.

Quise vivir, y no supe. Conocí a mujeres que antes había soñado. Me enamoré feliz por el reencuentro. A su lado no podía distinguir la realidad de la ilusión que se manifestaba en igual pujanza por la vida. Sin embargo, esa delicada línea que divide el horizonte en el fondo de nuestra consciencia entre lo real e imaginario, comenzó a mostrarse más visible, apenas dejaba ver el sol de la fascinación hasta que cayó la oscuridad como un océano marchito despidiéndose de sus centellas azules.
No supe vivir, no. No debí haber soñado, o no debí haber despertado. El caso es que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Será verdad que la vida es sueño. La Gioconda me mira. Sonreímos.
CRISIS PSICOLÓGICA Y LA GRAN EVASION
Cuando algo no nos gusta la primera reacción es rechazarlo. Lo podemos comprobar a diario con muchas situaciones cotidianas de las que somos testigos, socialmente estamos obligados a ser felices, y también existen los “a priori” que atesoramos para rescatar el valor del individuo de las comparaciones en las que caemos, es decir, todos gozamos de una inteligencia superlativa, un atractivo indiscutible, un comportamiento modélico, una eficacia manifiesta – hasta podemos ser héroes o genios - y, en definitiva, todos disponemos en buena medida de los factores que inexorablemente nos conducen a la felicidad: sin embargo, no somos felices. Y, no lo somos porque entramos constantemente en secuencias alternativas satisfacción-insatisfacción, éxito-frustración, alegría-tristeza, y con esa misma constancia elaboramos estrategias de evitación que no aportan nada a la solución de nuestras mermas sino que las refuerzan y consolidan como parte de algo que entramos a llamar “personalidad” con el fin de mantener a salvo la individualidad que nos tiene reservado el éxito por el hecho de ser únicos. Si somos únicos estamos libres de cualquier comparación, no hay discusión en torno a nuestra valía personal, y sobre todo, no formamos parte de lo vulnerable, tenemos el control.
Aquellos que se sintieron ninguneados en alguna etapa de su vida, aquellos para los que vivir nunca fue suficiente porque su vida fue fustigada, mantenida o sobreprotegida por otros, son quienes más necesitan ese “control”, los que más necesitan sentirse diferentes al resto para no tener que mezclarse con aquellos a quienes compara.
Es la gran evasión de nuestro tiempo. Ninguna crisis psicológica puede superarse si antes no nos aceptamos; si no somos capaces de mirar adentro y entender con objetividad los acontecimientos de nuestra vida, sean buenos o malos. Ante una crisis psicológica canalizada por las propias estrategias vitales erróneas que se han ido diseñando para huir, un "prófugo" puede responder con soberbia, sobrevalorarse, transformar la realidad incorporando al discurso invenciones no demostrables para justificarse y rechazar cualquier ayuda externa que pueda siquiera entrever alguna duda sobre sus planteamientos o capacidades.
No saben que somos únicos por el hecho de haber nacido y existir. Que nadie puede recorrer nuestro camino. Cuando buscamos la individualidad lo que hacemos es ignorar lo que somos, apartar nuestros sentimientos, nuestras emociones, para vincularlas a un proyecto de ser humano confeccionado por el miedo, la desconfianza, la aversión, el desprecio o la euforia. Es que ese proyecto ya existe, no hay que buscarlo ni diseñarlo, sólo reconocer en el pulso de la vida nuestro vínculo con la realidad, y sólo desde la realidad podemos encontrar ese vínculo natural. No hay nada que inventar, y mucho por descubrir. Si lo pensamos un poco, en la medida que buscamos sitio para ser “únicos” dejamos de serlo porque ¿qué es ser único?, para saberlo necesitariamos inevitablemente el mayor acervo de comparaciones posibles, lo que nos llevaria toda la vida pues siempre aparecerá alguien que amenace esa unicidad, y cuando hacemos las comparaciones estamos fuera de nosotros mismos, estamos siendo arrastrados por otras vidas, no por la nuestra.
Si no somos capaces de hablar de nosotros mismos, si rechazamos sentarnos delante de alguien como un psicólogo, nuestro mejor amigo, nuestros padres, un maestro espiritual, alguien que puede entender lo que sentimos, es que no nos aceptamos; si rechazamos el silencio, si no somos capaces de meditar, reflexionar con honestidad, paladear nuestras emociones, sentir nuestras sensaciones, es que no nos aceptamos, sólo somos cerebros desprovistos de lo que nos hace genuinos: el ser.
¿Por qué simplemente no somos? ¿Qué tal si vivimos el presente?
Si los sentimientos son nuestros, ¿por qué luchamos contra ellos?. Un excelente psicoterapeuta me enseñó a no resistirme a las emociones, a escucharlas, tener y soltar, dejarlas pasar tal como vinieron, porque esa información forma parte de lo que somos no la podemos despreciar, nos enseña a conocernos, a encontrar ese vínculo con la realidad necesario para vivir con plenitud. Ya lo dijo Newton con su ley de acción y reacción, aquello que golpeas responde con la misma fuerza; aquello que rechazas te oprime, te golpea con la misma intensidad.
ENTRE LA VOZ Y LA PALABRA
No me pidas que te hable del amor, luego no tendremos de qué hablar.
EL PASO DEL TIEMPO O LA MIRADA DEL OTRO.
Me miré frente al espejo. Vi que la piel de mi cara ya no estaba tan firme, comenzaba a descolgarse, a la altura de la barbilla unas prominencias parecían arrastrarla como la lengua de un glaciar, dejando los pómulos indefensos. Recordaba entonces la cara de otros tiempos, más resuelta y comprometida con el resto del cuerpo; la mirada no tenía que languidecer como ahora ni mucho menos postrarse.
Todo lo que fui reverberaba como pequeños destellos en la plata, casi parecían estrellas ante la oscuridad de mi rostro, apagándose, si no fuera porque el día iniciaba su andadura. Más de cerca pude ver mis patas de gallo, alguna que otra mancha – ¡tan pronto! - ; era verdad eso de que el deterioro es inevitable, «polvo eres y en polvo te has de convertir». Estaba detenido en aquel marasmo, no podía aceptar el rastro de los años perfilándose como una amenaza, intentaba recomponer la cara con las manos, fijarla de alguna manera a su posición virginal; qué absurdo, pensé, ¿qué estoy haciendo?, sonreí y fue al sonreír cuando me di cuenta de que esa decadencia tenía un sentido, mi rostro parecía más firme que nunca, los ojos brillaban al unísono con la vida que se despertaba, el espejo me devolvía la verdadera imagen de mi rostro. Comprendí que no es la piel, sino lo que hacemos con la piel; que no son nuestros ojos, sino lo que hacemos con ellos. La verdadera atracción, la belleza fulminante, es aquella que puede expresarse y no fijarse como un clavo a la imagen inmóvil de un retrato. Quizás, el deterioro proviene de las sonrisas que faltaron e hicieron de nuestra piel un lienzo a la intemperie, expuesta al daño, de la pasividad con que somos testigos de los recursos que nos ofrece el equilibrio entre la mente y el cuerpo. Protégela. Actúa y que no te miren tanto.
LA DEUDA
El recuerdo de la felicidad ya no es felicidad; el recuerdo del dolor es todavía dolor. (Lord Byron)
Hay errores que se pagan con la vida y no hablo de la muerte, o sí. Lo que no sabía es que la vida fuera tan larga en cualquier caso. Pero no conozco otro remedio para el desamor que el amor mismo, lo que me lleva a concluir que la deuda es imperecedera.
Te amo.
EL VALOR DEL CAMBIO
Nadie está libre de equivocarse. Nadie está libre de equivocarse muchas veces. Cada uno de nosotros arrastra su propio conflicto, podemos llamarlo karma si quieres, o simplemente causa si eres un pragmático. El caso es que seguiremos cometiendo el mismo error innúmeras veces mientras no seamos conscientes del mismo. Todo problema precisa de un diagnóstico para poder iniciar un tratamiento y, si no somos capaces de aceptar que algo no funciona bien, dificilmente podremos abordarlo y encontrar una solución.
Quizás cuando comprendamos que la vida se expresa a través de la verdad y que el engaño nos aparta de su camino, podremos advertir nuestro conflicto y dejar de plantear excusas, buscar culpables o inventar la inocencia. Nacemos pero no podemos simular nuestro nacimiento, vivimos y no podemos simular nuestra vida, y morimos, y no podremos simular nuestra muerte. ¿Necesitas más razones para observarte y dedicarte a ordenar la casa de tu vida?.
Cuando se conoce el amor, no hay nada más cierto ni más vivo: el amor no engaña, si no quieres sufrir no te atrevas a engañarlo. Observa si cada vez que hablas del amor estás hablando desde esa misma posición en la que te enamoraste, porque cuando te apartas de ese lugar ya no estás amando: estarás temiendo, estarás angustiado, estarás manipulando o estarás despreciando, y estos, son otros verbos. ¡Cuántos compañeros de viaje se separan porque se apartaron de ese centro en el que se encontraron! No es el amor quien se aparta de ti, eres tú quien se aparta del amor debido a tu propia causa, e ese conflicto que te empeñas en alimentar con subterfugios y te diriges al amor en lenguas extrañas. Ningún conflicto interno se manifiesta aislado, termina expresándose en todas las áreas de nuestra vida de un modo u otro, y puesto que nacimos y estamos vivos no puede haber meta más elevada que la vida, lo que, inexorablemente, justifica el cambio así como el sentido de todo sufrimiento. Si el amor no te parece razón suficiente para el cambio, ¿a que otra necia razón esperas para provocar un cambio en tu vida?.
Como decía Mahatma Gandhi, «si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo», con mayor motivo, si quieres volver al amor no intentes cambiar a nadie, cámbiate a ti mismo. Para las discusiones donde uno intenta someter al otro para controlarlo y eludir su responsabilidad, viene bien esta otra frase: «ojo por ojo y el mundo acabará ciego», podrás vencer pero no habrás aprendido nada, será una victoria provisional, el conflicto sigue, cada vez más incontrolado, hasta que acabe contigo como si fuera tu carcoma.
Quien conoce a los demás, es sensato.
Quien se conoce a sí mismo, es sabio.
Quien vence a otros, es fuerte.
Quien se vence a sí mismo, es poderoso.
Quien consigue sus propósitos, es voluntarioso.
Quien se contentan con lo que tiene, es rico.
Quien no abandona su puesto, es perseverante.
Quien no muere ni siquiera con la muerte, posee la Vida.
Tao Te King.
Lao Tse.
Si amas y no sigues el camino del corazón es como intentar dar comida al hambriento de tus manos vacías. El amor no se resuelve fuera del amor.
AMA CON CONCIENCIA
Sólo se puede hablar del amor con amor. El único lenguaje admisible es el amor. La única pausa permitida es el amor. La mayor pérdida conocida es el amor. El mayor dolor procede del amor. La mayor pasión se urge en el amor. Sólo desconocemos la felicidad cuando amamos, hasta ese momento la felicidad era posible. Sólo conocemos la felicidad cuando dejamos de amar, hasta ese momento juro que existió. Y es que el único lenguaje admisible es el amor, cualquier otro sólo sirve para confundirnos.
Ama con conciencia. Nunca con palabras.
LA CRISIS DE LOS BANCOS
Las cuentas se articulan para componer el espinazo, unas a otras dirigen los movimientos, sus pausas de debe y haber detienen la cerviz en la cuenta de resultados, y entonces, la mirada se oscurece bajo la sombra del párpado, el corazón palpita indiferente a la sangre y el cerebro marchita como una flor de millones de euros en una primavera edénica que parece confinada en los archivos de una fe para la nueva salvación, esa que salva a los hombres de si mismos y los convierte en objetos a resguardo de lo imponderable. Los bancos se sirven, pero no sirven. Los bancos pueden ocultarse detrás de la letra pequeña, nosotros somos transparentes para ellos. Sólo los bancos pueden prestarnos las cantidades de dinero que necesitamos pero los bancos exigen crédito a nuestro crédito y nosotros no somos bancos. Estos son los verdaderos templos de nuestros días hacía los que nos empujan los devotos del poder, los reyes de la economía o mejor decir, de la bolsa, pues siempre pensé – ingenuo de mí -. que la economía era una ciencia cuyo fin es la administración eficaz y razonable de los bienes y para ello estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales; el caso es que queda demasiada gente sin satisfacer las necesidades básicas y digo yo que la economía debe ser eso que se estudia en la facultad.
FELIZ AÑO, TE ACOMPAÑO EL SENTIMIENTO, FELIZ NAVIDAD, FELIZ CUMPLEAÑOS Y OTROS FETICHES.
Asi hemos llegado a pervertir el lenguaje. Lo que se supone que podía ser un instrumento fidedigno de comunicación y expresión dirigido al conocimiento de nosotros mismos y de lo que nos rodea, se convierte en un conjunto de aparejos de culto cuyo fin es justamente lo contrario: enmascarar, salvaguardar la imagen común aceptada por el lobby social de turno como correcta. Debajo de esta capa organizada y articulada por el intelecto abrigamos y alimentamos el lenguaje de lo prohibido con todo aquello que nos asusta; esa frase bíblica de “por los hechos los conoceréis” ha obligado a extirpar de nuestro ser variables lógicas que reemplazan a sus valores para utilizarlas según nuestra conveniencia con los contenidos adecuados a las circunstancias. Hemos separado el lenguaje de nuestra vida interior para ajustarlo al esquema social del momento de modo que ya no decimos lo que pensamos o sentimos sino lo que resulta más conveniente sentir o pensar. Necesitamos intrumentos que nos liberen de la culpa que la propia tiranía del concepto ha inoculado en nuestro modo de pensar. Porque ya no somos lo que somos, sino lo que dicen de nosotros, tal o cual acepción, tal o cual gesto, tal o cual reconocimiento. Por eso, cuando hablamos, no lo hacemos tanto para expresar nuestros puntos de vista como para producir un efecto en el otro que afiance la máscara de nuestro personaje. La sociedad occidental, la sociedad de la opulencia y el mérito, promociona y refuerza este tipo de relaciones donde se valora la presencia por encima de la esencia, pues en el juego de urdir nuestra perfección o esconder nuestros desórdenes, aceptamos y suponemos la existencia de la virtud tras el abalorio y para ser sólo basta creernos lo que no somos. Una sociedad basada en el artificio y la mentira es una sociedad insatisfecha porque no puede manejar la realidad, está condenada a buscarla en la ficción, en el artificio, en el otro, es una sociedad esclavizada y manipuladora.
Es una lástima, el hombre podría haber sido real.
LA IRREALIDAD DEL DESAMOR
No se puede perder más. Todo lo que podamos imaginar perder, incluso la vida, no es comparable a la pérdida demoledora de nuestra cordura, y no existe mayor victoria ni mayor ganancia por más que podamos imaginar victorias y conquistas, que la de nuestro propio equilibrio. En ese equilibrio radica la columna vertebral de lo que somos, del mismo modo que nuestro cuerpo tiene la suya propia para poder orientar correctamente nuestro movimiento y no sea aleatorio, caótico. Si queremos vivir en paz, sin causar daño alguno a nadie, tenemos que buscar, incesantemente, ese equilibrio que nos une a lo más profundo del ser, porque ser es nuestra urgencia en una vida tan divergente. Creemos encontrar lo que somos en la aprobación o desaprobación de lo que nos rodea, en el sentido de grupo, en la identificación con nuestros iconos, en la mujer o el hombre que amamos; todo es fruto de la deuda que contraímos al nacer, nos dijimos que no eramos nada entonces porque otro podía manejarnos a su antojo y éramos incapaces de controlar absolutamente nada cuando realmente ahí lo éramos todo, éramos capaces de transformar y de transformarnos, podíamos infundir sentimientos de ternura, de amor, de compasión, de fortaleza, sentimientos de nobleza que contrastan con el odio, el pesar, la insatisfacción, la inseguridad o el miedo que infundimos ahora, de adultos; podíamos crecer y disfrutar de nuestro aprendizaje, podíamos jugar hasta que dejamos de hacerlo y aprendimos a tomar en serio las mayores bobadas sólo porque le abrimos la puerta al artificio de ser, a malos personajes que buscaban en la mediocridad de sus metas su única justificación de existir, le abrimos la puerta al temeroso, al doliente, al fracasado, al triunfador, al héroe, al violento y a tantos otros que comieron del mismo plato mientras crecíamos que ser derivó en pura y simple imitación de aquello que nos asusta no ser.
No se puede perder más. Cuando perdemos la consciencia nos queda el ansia, y buscamos a nuestro alrededor presas, estímulos, trofeos que sirvan para sofocar nuestra insatisfacción; nos gana el miedo y percibimos un mundo distinto, casi contrario, beligerante, que conspira para echarnos fuera de la competencia. El amor, no es un trofeo, no está expuesto a la competencia ni a conquista alguna, es lo que es, existe o no existe, lo manifestamos pero no lo gobernamos. Pensar en el amor como una propiedad que estamos obligados a controlar equivale a no sentirse amado, a sembrar un cisma inoportuno porque todo lo que controlamos deja de pertenecernos, nosotros pertenecemos a aquello que intentamos controlar, no estamos donde deberíamos estar para disfrutar del momento, dejamos de ser conscientes para ser temerosos y planificadores de la dialéctica. La única manera de que el amor sea nuestro es dejando que se exprese, dejarnos llevar por su corriente sin hacer preguntas absurdas que se alejan del fin último, la única manera que existe de que algo sea nuestro es precisamente dejándolo ir, porque lo que es sólo puede ser y no hay causa para su marcha, nada ni nadie lo puede conculcar, salvo nosotros mismos.
Ahí donde el amor está en riesgo: no se puede perder más. Sólo queda ansia, dolor, soledad, frío … un abismo sin fin. Vale la pena todo esfuerzo para superarse si logramos entender lo más bello y valioso de la existencia, si con ello podemos recuperar los momentos más felices de nuestra vida, quizás, ese minuto al lado de la persona que amabas. Seguimos.
CARTA A UNA TRAICIÓN
Mi novio me engaña. Les sorprendí besándose con un ardor inusitado, escuché sus conversaciones y eran repugnantes. No acierto a entender cómo no fui capaz de darme cuenta antes, cómo me pudo hacer algo así, porque ni en las peores sospechas podria haber imaginado esa traición. Algo faltó entre nosotros que pasé por alto, me dejé llevar por sus encantos de serpiente sin exigir nada a cambio. Creo que fuimos sólo deseo, el deseo de llegar a alguna parte juntos, el deseo de gozar en la cama, el deseo de soñar… es verdad, nunca soñamos, lo teníamos todo tan fácil y tan rápido, tan cerca, que dejamos que hablasen nuestros sentidos y no nuestros sentimientos; ya me extrañaba a mí que la felicidad fuera tan fácil.
Algo pasaba en esas pausas, algo se estaba perdiendo en los resquicios de la prisa..., ¿por qué tenemos prisa por ser felices? ¿hay que buscar la felicidad? ¿dijo alguien que la felicidad fuese un tren que no espera? y, ¿dónde me espera la felicidad?, porque si no sé dónde me espera, cómo puedo tener prisa por buscar algo que no sé donde encontrar, salvo que la invente, salvo que la imagine, y corra detrás de la urgencia como una posesa que perdió la razón mientras el corazón se agotaba de tanto amar corriendo.
Estoy hundida. Me acongoja mirarme al espejo, todo me parece igual, los días me arrastran y sólo veo polvo, fotos despedazadas, recuerdos rotos, sueños descuidados. No puede haber amor sin un sueño, sólo es real aquello que podemos soñar, el suelo que pisas sirve para sostener tus pasos pero no para dirigirlos. Lo que llamamos realidad no es más que un reflejo de muchos sueños interrumpidos, es nuestro deber continuarlos, y se interrumpieron porque la realidad que conocemos no es capaz de trazar caminos sólo de soportarlos; si me detengo en la belleza de un diamante su belleza terminará ahí y necesitaré más diamantes, muchos más, para continuar experimentando el placer del tacto y de la vista.
En el fondo, me da pena mi novio, se pasará la vida buscando entre las piernas de una mujer sin saber lo que guardan sus ojos; se pasará la vida saltando de cuerpo en cuerpo sin conocer la piel que atesora el tacto de la ternura ni el valor de ser fiel a lo que amamos, pues cuando el amor hace el amor consigo mismo el placer es incondicional y duradero, es una atmósfera que nos acompaña permanentemente y no a ráfagas como el bocado de un carnívoro.
Me siento mejor ahora. A la traición, rebeldia. Realmente, dudo que se pueda llamar traición a este descubrimiento; esta notícia me hizo pensar, me hizo destilar mis lágrimas y sacar lo mejor de mí misma, depurar mi dolor hasta lograr vislumbrar este pedazo de vida agazapado en la oscuridad. No vale la pena un hombre así, que futuro me esperaria al lado de semejante varón, tan puerco, y tan cobarde. Si al final, le tengo que dar las gracias a ese cabrón, porque estoy siendo yo más que nunca, ahora decido: no quiero ser arrastrada, el amor es otra cosa, no quiero llorar más, no quiero estar triste y deprimida, porque después del amor en mayúsculas no hay mayor placer en la vida que poder resurgir de las cenizas, de poder superar los conflictos y verme firme, realizada, dueña de mis actos, dueña de mis problemas y sus soluciones, no voy a ser perfecta porque es imposible ni quiero, quiero ser humana, algo que ese devorador de sueños no podrá serlo jamás. El se lo pierde. Todo es posible: yo también.
Sí. Poco a poco, me doy permiso para equivocarme, me acepto como soy, y mejoro, siento que en el minuto siguiente le estaré agradecida a este otro minuto en el que termino de escribir esta frase. Ya no seré la misma: seré quien quiero ser, y la vida que no es ajena a la voluntad de ser, me recompensará, inevitablemente, porque estoy viviendo y no conspiro en su contra. Fuera tristeza. Lo que viene ahora, vale la pena.
RESPUESTA A LA VERDAD DE AMAR
Cuando se ama de verdad, el amor arraiga en una parte del ser tan profundo que no puede vislumbrarse apenas su rastro. Seguramente, no existe el amor verdadero, sino el amor en sí mismo, y si ese amor contribuye al malestar común no podemos llamarlo de ninguna manera amor, sino una forma más interesada recubierta de pinceladas de erotismo e imaginación al servicio de una supuesta felicidad. Amar es otra cosa, o al menos así lo entiende mi silencio al cerrar los ojos. Es un compromiso con el amor mismo, advertir que la persona con la que estamos es el vehículo perfecto para comunicar y armonizar nuestras imperfecciones en el curso de la aventura de vivir: digamos que hemos encontrado la imperfección perfecta. Buscar la excelencia, la felicidad como quien busca las minas del rey Salomón, pensando que en esto o aquello se encuentra la llave o el detonante de la explosión, es imposible y , por tanto, frustrante. El amor nunca se puede concretar ni materializar, porque amar es expandirse y crecer. Amar nos otorga la capacidad de comprender y aceptar, sin juicios que incapaciten a la otra parte. Amar nos permite escuchar y gozar con todos los sentidos porque no instrumentalizamos; el amor es una vida con dos protagonistas que aprenden juntos el recorrido y disfrutan del viaje.
La ventaja de amar es que la entrega es total y, por tanto, la vida encuentra su manisfestación más completa, aquella que no se impone un límite. Si el amor es verdadero, puede esconderse, pero nunca callar. Es subterráneo.
¿QUIÉN SOY?
AQUELLO QUE NO PUEDES PREGUNTAR.
ES VS SIENDO
A veces tenemos la tentación de blindar los aspectos más relevantes de nuestras vidas con frases contundentes y cerrar así cualquier resquicio de duda. Necesitamos seguridad, nos aterra pender de la nada. Nos gustaría que la felicidad fuese tal como la imaginábamos, el dolor: de otros y, la muerte, como nos habían prometido. Localizamos la explicación a cada suceso en un eje de coordenadas fácil de situar, lo que nos permite reducir el tiempo que empleamos en reflexionar, pensar o analizar nuestros conflictos pero, a su vez, deja nuestro discurso limitado en el tiempo y en el espacio igual que si fuésemos presos de nuestro propio pensamiento, dicho de otro modo, vivir y amar, conceptos inseparables, sólo pueden entenderse en su propio discurso y nunca en la contemplación de una definición escueta, lo que viene a ser como tratar de entender la vida de un difunto a través del epitafio.
Manifestamos una perversa tendencia a dar muerte a la palabra, lo que nos convierte en fulleros y asesinos de nuestro propio lenguaje y , por ende, de nuestro pensamiento, repercutiendo en conductas de difícil soporte lógico, pues detrás de ellas se yergue altivo la negación de un pensamiento.
Cuando las cosas no parecen ser como son, deberiamos preguntarnos quién dijo que las cosas tendrían que ser así, y, lo que es más importante, por qué no pueden ser de otro modo, las respuestas serían inmediatas si no hubiésemos integrado en nuestro eje de coordenadas una voluntad superior que dirime nuestros destinos, en tal caso todo lo que no podemos o queremos entender lo depositamos en ese misterio, por supuesto, incuestionable, pues en la mayor parte de los casos es un dogma de fe. Ingeniosa arquitectura.
A pesar de todo, necesitamos seguridad, confianza, felicidad – ese tramo de nuestras vidas a resguardo, inalterable, inconmovible – porque en el fondo caemos en la contradicción de exigir el control de los acontecimientos y al mismo tiempo, tener que aceptar que no dependen de nosotros sino de otra voluntad, ¿dónde está la linea que divide una y otra? ¿para qué nuestro libre albedrío si desconocemos los planes que nos esperan? ¿cómo conciliar ambas posturas sin caer en una suerte de peregrinación vital donde somos un dibujo sombrío de lo que queriamos ser? ¿por qué unos hechos proceden de nuestra iniciativa y otros de la otra? o ¿por qué aquello que conseguimos fruto de nuestro esfuerzo lo atribuimos a la gracia del destino?
Yo tengo una respuesta: YO SOY DIOS, TU ERES DIOS.
Pero, claro, ¿qué ocurrirá cuando no te guste lo que ocurre con tu vida? ¿cómo te cuestionarás? Difícil saltarse el eje de coordenadas establecido ¿verdad?.
Ese es el reto. Desprogramarse. El imposible no existe, sólo existen posibilidades, dependen de nosotros y nosotros somos la obra.
Sigamos el discurso, el concepto murió.
EL VALOR DE AMAR
Si puedes hacer feliz a alguien, no importa lo que hagas, no importa lo que te pase, no importa lo que te hagan: tú eres una fuente de vida y nada vale la pena si no está vivo. Podrás fracasar, pero sigues el camino del éxito; podrán repudiarte, pero fueron ellos los que se repudiaron; podrán hacerte daño, pero fue su dolor y no el tuyo que te malogró; y, podrás levantarte en los peores momentos de tu vida, de otra manera nunca lo harás porque de tus obras no salen propuestas, sólo exigencias, miedo, y deseos interrumpidos por tu inmovilidad.
Haz feliz a alguien, por favor. Yo he aprendido esa regla después de escuchar el llanto de mis esclavas. Nos han educado desde los principios de la esclavitud del corazón, amar no es apropiarse de tu amada o amado, amar es apropiarte de tus propios huérfanos para darles un hogar y una ocupación en el hecho de ser, es decir, la propuesta de la dicha, dar para aprender a recibir. Sólo si tú eres, yo soy, porque sólo si tú eres podrás verme como realmente soy. Una vez escuché, “el ojo no puede verse a sí mismo”, me dijeron, y es verdad, tenemos ojos pero no son los nuestros. No seas engreído o prepotente, tienes ojos para no tropezar, sólo eso, no para conocerte.
En la entrega, y reconocimiento del valor de la persona que amas, el amor no se detiene en el fortín de tu egoísmo, fluye y retorna naturalmente como la identidad que se reconoce a sí misma. No quieras el llanto del otro para atajar tu dolor, busca su sonrisa para sofocar tu resentimiento.
Igual que basta un minuto de virtud para ser libre, basta una sola persona feliz para que la vida cobre sentido en la fuente donde se expresa: tú.
Créeme. Me lo enseñó el dolor, y no era el mío. Si puedes hacer feliz aunque sólo sea una sola persona, la vida habrá valido la pena.
Toda la dicha que hay en este mundo , toda proviene de desear que los demás sean felices; y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo. SHANTIDEVA
EL TRABAJO DE SER HUMANO Y DIVINO.
Te hablo de ti, esclavo. Todas las mañanas me levanto pensando qué haré cuando sea libre y acuden las tribulaciones a disuadirme para no atormentar su libertad. Todas las mañanas intento regresar al útero, dormir profundamente, casi imperceptible ante el coloso de la noche, y los ancianos gritan desde el sanedrín: ¡blasfemo! ¡blasfemo!. Todos me dicen que debo envejecer, todos … menos la mañana que viene acompañándome con las mismas ínfulas que me vieron impacientarme en la niñez o sonrojarme en la adolescencia. Todos menos las calles donde corretea la primavera que se resiste a abandonar su recreo en su piel fresca y suave liberada de pesados atuendos.
Te hablo de ti, esclavo. Tú , sí, que te finges libre y actúas conforme a ley o edicto moral de las más elevadas instancias del universo ignoto. Tú, que tapas tus miserias y hablas de cura. Tú que eres perfecto y creas dioses a medida y luego dices no serlo para parecerlo. Modestia aparte, dice tu intelecto sabio (¿o adocenado?).
Esta es nuestra cárcel. Las pasiones gobiernan cientos – miles - de calabozos, y nos vigilan para no dejar salir nuestras voces interiores. La libertad les asusta, cómo dejar lo bueno conocido por lo malo por conocer; más vale pájaro en mano que ciento volando; hemos dejado que el otro se apodere de nosotros y nos condene.
¿Para qué crees que estoy yo aquí escribiendo, y tú, aquí leyendo?
Para liberarnos.
EL NIÑO SIN ACENTO
Ser niño es aceptar que estás creciendo y lo que tienes que ser no te persigue.
Ser niño es buscar respuestas a las cuestiones sencillas que pasan inadvertidas.
Ser niño es soñar con el placer de ser el momento que eres.
Ser niño es aceptar, comprender y estrenar las novedades con entusiasmo.
Ser niño es emoción, sentimiento, impulso, coraje e inocencia.
Ser niño es ser un rey y un territorio que no se deja invadir por las pasiones.
Ser niño es ser un héroe capaz de vencer al peor de los villanos.
Ser niño es lo que nunca has dejado de ser y te empeñas en enterrar.
Ser niño es la prohibición que defiendes tras tus rejas de adulto experimentado.
Ser niño es conocer la realidad en su naturaleza objetiva, sin prejuicios.
Ser niño es percibir que la realidad comienza con los sueños.
Ser niño es amar como nadie ama porque el amor fluye de su ser.
Ser niño es vital.
Ser niño es el camino para recuperar lo que fuimos.
Soy niño, quiero ser un niño, nunca quise ser adulto.
¿Para qué?
¿Para matar? ¿para insultar? ¿para ofender? ¿para follar? ¿para manipular? ¿para torturarse? ¿para maltratar? ¿para fumar? ¿para beber? ¿para drogarse? ¿para prohibir? ¿para engañar? ¿para mentir? ¿para aparentar? ¿para comprar? ¿para correr? ¿para controlar? ¿para obedecer? ¿para odiar? ¿para vengarse? ¿para etiquetar? ¿para ser rico? ¿para ser famoso? ¿para extorsionar? ¿para imponer? ¿para forzar? ¿para ignorar? ¿para tener? ¿para impedir? ¿para robar? ¿para golpear? ¿para castigar? ¿para juzgar? …
La edad del hombre se acaba.
Ahí te quedas.
LAS VISCERAS DE LO INCONDICIONADO. MILITANCIA O FANATISMO.
Rubén era el mejor. Jugaba al fútbol de lateral derecho, muy hábil en esa posición culminaba sus internadas magistralmente marcando el gol que necesitaba su equipo. Sus amigos le admiraban, era su estandarte, le apoyaban en todo lo que hiciera aunque se equivocase, rara vez le reprochaban algo como no fuese su ausencia en alguna juerga del grupo pues era imprescindible para mantener el tono de la velada.
Rubén era el mejor. Era capaz de obtener las mejores calificaciones en la carrera. Soñaba con una casa, un coche, un apartamento en la playa, y una mujer para toda la vida, después de haber probado unas cuantas, claro.
Decidió estudiar una carrera de futuro, prepararse para una profesión que le reportara un nivel de vida apropiado a sus pretensiones (¿ilusiones?, esto parece más romántico, más natural, mejor no). Su familia le admiraba y se sentía orgullosa de él. No faltaban los halagos ni los pronósticos desorbitados y estimulantes, dicen que los mejores deseos… ¡no! los mayores, los mayores.
Rubén era el mejor. En pocos años fue director financiero en la compañía de su tio. Su novia le admiraba y él sentía que podía hacer más todavía, que los que le querían estaban apuntando a su futuro más que a su presente … siempre fue así, desde que jugaba al futbol en el instituto, cada vez que alguien reía sus gracias o le felicitaban sabía que eso no era nada, sólo el comienzo.
Rubén era el mejor, hasta que su partido político no obtuvo el respaldo que quería. Entonces tuvo que cambiar planteamientos, deformar realidades, manipular datos, porque él no era un perdedor, la gente siempre le apoyó y tenían que apoyarle. Todo lo que defendía era necesariamente bueno, todo lo que los otros proponían no podìa ser mejor. Su familia le apoya, haga lo que haga, sus amigos también. Siempre fue así.
Dijeran lo que dijeran, su programa era el mejor. El objetivo era conseguir ese respaldo popular, había que idear nuevas fórmulas para atraer al electorado. El propósito dejó de ser ofrecer un buen servicio, marcar goles, por ejemplo; el propósito ya no era analizar el problema y encontrar la mejor solución, el objetivo pasó a ser la hipnosis, justificar su modelo, convencer al pueblo de que sus datos eran ciertos y por tanto, su interpretación de los hechos adecuada.
No se cambió el programa. Se cambiaron los símbolos, el aspecto. Cambió la siglas y el nombre de su partido por otro que transmitiese un mensaje popular, partido del pueblo, partido popular, partido de todos, alianza, unión, etc… Había que reinterpretar la realidad para que se ajustara a sus lineas ideológicas, las cosas no son como son, ya no: las cosas son como ellos quieren que sean. Su pensamiento estaría al servicio de sus pasiones, de sus debilidades, de su estómago al fin y al cabo.
Rubén nunca fue el mejor. Nunca fue. Lo único que existió en su tragicomedia fue el efecto que producía en los demás, el efecto que buscó, el abrigo de la masa; fue lo que los otros quisieron que fuera, él fue los otros. La insatisfacción y/o la ambición es proporcional a la ignorancia que cada cual tiene de si mismo. Si buscamos lo que hay de nosotros en los otros, descubriremos que casi todo lo que somos ha sido laureado, apuntado o vindicado por terceros, por vidas ajenas a las nuestras. Ese es realmente nuestro ser: ignorancia, desatención. Rubén siempre fue humo, todo lo más una ligera fragancia de sí mismo.
Rubén tiene hijos. En el fondo le gustaría que sus hijos siguieran su estela, ser lo que él no pudo ser. Una vez más, otros querrán ser lo que otros desean, la marca, el traje, la nota, el diploma, el aplauso, la fama, la popularidad, el prestigio, el elogio, la clase social: el otro. Quieren ser ansia.
Sigue la intoxicación.
El mundo necesita ser consciente y científico. Amar sin preguntas, pensar con respuestas.
LA VIA FEMENINA
La mañana se limpia la cara esperando colonizar nuestros argumentos innecesarios. A la hora prudente de salir el sol algún potentado estará agraviando a alguno de sus consejeros; los gerifaltes recordarán a sus empleadas que son mujeres mientras aguzan el mohín y sopesan sus piernas y sus voluptuosidades para significar su dominio de macho. Me rio del poder, porque en el fondo no es más que la expresión exacerbada de la fragilidad del hombre, y digo bien: hombre. Los que inventaron el poder y las guerras han hecho un flaco favor a la masculinidad, nos arrancaron de la madre sin haber mamado lo suficiente para reconocer los valores de lo femenino. Lo sabemos por referencias, pero la referencia no lleva a ninguna parte por su propio pie. Cuando algo no se conoce y reconoce se entra en competencia sirviéndose de las armas que provee la ignorancia - el entendimiento urgente - como la vulgaridad, el apego, la rudeza, la soberbia, el ninguneo, la intolerancia, la violencia en todas sus sutiles manifiestaciones, en definitiva, la necesidad de imponer un territorio a salvo de intrusos que puedan poner en duda lo que ya dudamos, es decir, quiénes somos. El miedo es una transacción entre el placer y el peso de la realidad. Cuando la realidad se empecina en mostrarnos sus pezuñas entre el barro, el rastro hedónico se abre paso para propiciar la huída fulminante hacia la individualidad, ese arcón donde callamos y guardamos los disfraces usados antes de que se rompan por el desgaste y que nos permite seguir vestidos frente a la desnudez de lo ineludible. Pocas cosas dan tanto miedo al forzudo como descubrir que no lo és. Que la fuerza es otra cosa, que el valor es otra cosa, que la virtud no es un escaparate donde exponer nuestras victorias –quizás, como mucho, las esperanzas – porque no existe la derrota en el logro de vivir. La mujer es fuente de vida, y debe ser por algo más que su respuesta fisiológica, quizás nos precipitamos al limitar su papel en la maternidad y debiéramos continuar naciendo de ella, como ellas hacen. Al fin y al cabo, nunca dejamos de ser niños, y es cuando queremos dejar de serlo que nos convertimos en la imitación de una cosa que no existe y llamamos hombre.
TANATOS
Intento ver en un cadáver algo más que un resto humano que ha dejado su vida en la manifestación de su obra y en el legado de su descendencia, si es que la tuvo. Por más que permanezco delante de ese cuerpo ajado y rígido, no encuentro nada que me resulte transcendente y humano si no es por el recuerdo que suscita el hecho de su existencia en las fibras sensibles de mi memoria.
El tanatorio – lejos del tráfago del pésame hipocrático – me parece una buena oportunidad para reflexionar sobre el final de la vida, en ese momento todos los humos desaparecen y nos quedamos con el peso que nos arrastra hacia lo inevitable, sentimos lo que somos, paladeamos nuestra encrucijada, comprendemos que la lucha que mantenemos es una lucha perdida desde el momento en que la concebimos y , tal vez, el único objeto para la contienda sea transmitir ese mensaje en lo profundo de nuestras conciencias, porque si no hay movimiento nadie puede saber que está parado.
Cuando contemplo ese hombre o esa mujer aparentemente descansando de tanto vivir, la memoria me juega malas pasadas y no puedo aceptar que todo haya quedado reducido a esa mortaja, que a través del cristal que nos separa no pueda verme ni escucharme; que esos ojos permanezcan cerrados como lápidas, y esa boca muda como el recuerdo. Me pregunto dónde está aquello que no precisaba de su fuerza física ni de sus reflejos… esa mirada condescendiente, ese arrojo, esa sonrisa generosa o esa carcajada que acentuaban el brillo de sus ojos, esas pausas, esos silencios, el particular timbre de su voz, todo ese aparato psicológico que coordinaba sus acciones y su presencia gestual.
Por más que busco todo eso en una probable aura alrededor de su cuerpo tendido, en alguna evanescencia sutil que escape al común de las percepciones, no encuentro más que desolación. Debería creer en algo. El creyente no se hace esas preguntas, sólo recaba respuestas.
Creo que existen vehículos que nos ligan a lo transcendente, pero están vivos. Te amo, me haces reír, me rio contigo… me emocionas, te comprendo, te acepto, me acepto, me gusta, me entusiasma, me concentro, … todos ellos hacen posible que valga la pena morir. Sospecho que en el punto en que las cosas pierden su instrumentalidad gana la vida..
LA NUEVA ESCLAVITUD: ADICCIONES
Esperas a que abran las tiendas para comprar la Wii o el último artefacto que te hará sentar cómodamente al mando del ingenio que reproduce tus sueños en imágenes de plasma, mientras sus creadores se llenan los bolsillos a costa de esos mismos sueños que ya no vas a realizar porque te los han robado, parte o toda esa energía ha sido secuestrada; atribulado y dominado por la líbido recorres las calles donde deambulan prostitutas que te ofrecen su cuerpo disfrazado de voluptuosidad, o repasas los anuncios de la prensa e internet absorbido por esas curvas lascivas que el photoshop y el trabajo de una modelo han creado para mostrarte el erotismo más fácil y efervescente, sólo es necesario dinero para experimentar la mejor hora de sexo, una hora sometida a la disciplina de tus emolumentos y a la estrategia de la meretriz para llevarte al terreno donde la implicación sea mínima y tu ilusión máxima, al final sabes que no fue la mejor hora porque nada de lo que imaginaste ocurrió y la mejor hora es la que está por venir en la próxima mentira, de eso se trata; si piensas que eres bueno porque tu jefe te recompensa, tu trabajo tendrá un precio añadido al de tu esfuerzo, tu libertad, necesitarás dos pagas para vivir, la de tu nómina y la de tu vínculo para ser lo que otros dicen que eres; si juegas para ganar y tu vida es una apuesta seguro que siempre perderás porque aún sigues vivo, aprende a morir primero y comprenderás que ninguna apuesta vale una vida porque nadie juega contigo; eres incapaz de afrontar un duelo de los muchos a los que te somete el hecho de vivir, y esperas que el alcohol o las drogas, algo que no habla ni siente, ni puede expresarse y por tanto, no puede entenderte, te dote de respuestas para seguir adelante; te urge comprar porque tu imagen será otra mejor, y ni siquiera sabes cual es tu imagen porque otros te la cuentan, tan sólo lo haces para contentar otras imágenes. La felicidad nunca puede formar parte de un mercado porque es un bien universal, y si compras lo que necesitas porque crees ser feliz así, lo único que consigues es cambiar de lugar tu propio vacío.
Si puedes reconocerte en alguna de estas lineas en las que otros ganan dinero a tu costa, donde otros pueden elegir y tú no, yo te comprendo. Te has uncido los nuevos grilletes y golpeas tu piel con nuevos látigos. Por desgracia, la evolución del hombre y del mercado han traído consigo la evolución de la esclavitud con la que empezó su andadura entre el oropel del capital y, lejos de haber roto esos moldes han creado realidades que se ajustan a ellos, la diferencia es que ahora no vemos la carne abierta ni los tobillos aherrojados, pero vemos a hombres y mujeres que no pueden o no saben elegir y otros se aprovechan de esa circunstancia. Es la era de la psiquización de la esclavitud. El sistema cae por su propia gravedad en ese tipo de maniobras ante lo que importa es el éxito y la escala social, el reconocimiento o el poder, se manipulan los pensamientos y los sentimientos para poseer tu voluntad ya que no pueden utilizar las cadenas. Sé libre, cueste lo que cueste, digan lo que digan, la única experiencia válida es la que te dicta la voluntad de ser lo que quieres.
Me han reunido en la mentira
y no sé mentir,
pero obedezco.
¿Qué hay de ellos en mí?
Ausencia.
VOLVAMOS A LO NUESTRO
Sin más pretensión que volver, para no perder el hilo de lo que fuimos y ser lo que nos corresponde ser en el orden de los acontecimientos. Ni lo preguntes, ni lo cuestiones. No eres más ni menos, ni mejor ni peor: deja que el carro del verbo te muestre las roderas del camino y cambia de buey si el viento te favorece.
Gracias por tu humanidad. Este espacio es para nosotros. Exprésate.
NO CREO, EXPERIMENTO Y DESCUBRO.
Si puedo descubrir, ¿por qué me haces creer?; si no puedo vencer al tiempo, ¿por qué me haces correr?; si puedo ver y pensar, ¿por qué te empeñas en cegarme y confundirme?; si puedo soñar, ¿por qué quieres que duerma?; si soy inocente, ¿por qué me culpas?; si puedo amar, ¿por qué me buscas enemigos?; si apenas puedo definirme, ¿por qué me niegas?; si todavía estoy aprendiendo, ¿por qué quieres hacerme hombre?; si estoy vivo, ¿por qué no me dejas vivir?...si soy diferente, ¿por qué insistes en igualarme?.
¿Y tú?. ¿Qué haces tú con tu vida?. Déjame en paz.
AZUL
Hoy voy a salir. El cielo parece haber descargado toda su pesadumbre en algun eclipse muy lejos de aquí. Otra vez es azul y contiene toda la nitidez que escasea aquí abajo. Salgo para caminar sobre él, sé que es imposible, la gravedad nunca me lo permitirá pero, no son mis pies lo que espera de mí sino la atmósfera que me involucra en sus prósperos planes. El pensamiento libre se declara como el pretendiente a su amada, el sentimiento acompaña a cada haz pensante que emerge de esa claridad; ahí es cuando relaciono el hecho con su sentido, y lo remonto con el afán visionario del descubridor enlazando nuevas ideas a esa hazaña silenciosa. Estoy caminando sobre él, mis pasos se oscurecen a lo largo del camino, todavía no he llegado, tengo que andar mucho, explorar nuevas rutas para diseñar nuevos atardeceres en los que podré distinguir la luminosidad de la hierba en el promontorio frente a las sombras inocuas de la noche que ignora los colores de los acontecimientos. Veo el pensamiento como ese azul que me acompaña en mis paseos primaverales, sus conclusiones abren las ventanas donde puedo respirar el aire inadvertido hasta ese momento, y en cada acto del entendimiento percibo la realidad maravillosa extendiendo sus raíces bajo la tierra fértil para levantar la hierba del promontorio, los arbustos y matorrales que se incrustan en la orilla de los caminos y en las laderas de los montes, la arboleda que se argumenta para saciar de contenido a los bosques. Siento que pensar es como ese cielo azul que reaparece para poder sentir que estamos vivos; cuando pensamos templamos nuestras emociones para que no se apoderen de nuestros instintos, evitamos las pasiones desorbitadas, nuestros sentimientos se distribuyen entre la creatividad de la imaginación, la inspiración del poeta y la revelación del buscador de respuestas; nuestros sentimientos cobran contenido, y sentido. Yo creo que el pensamiento son los brazos, las manos y los ojos del misterio de sentir y emocionarse, consigue dosificar nuestros sentimientos y entregarlos para perpetuarlos sin desperdiciarlos en arranques ingenuos por prematuros. Es el instrumento de la belleza, lo que nos permite transmitirla cuando somos capaces de llegar al entendimiento de lo maravilloso que es vivir. La vida se pone en marcha. El pensamiento es el elemento integrador de todo lo que somos, ahí empezamos a tomar conciencia de nuestras posibilidades.
«El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia abre». Albert Einstein.
AUTOPSIA DE UN REGALO
El sujeto A husmea entre el variado repertorio de mostradores que se ordenan y desordenan ante sus ojos expectantes. A, sabe que tiene que comprar algo para B, algo que le guste a B pero lo que encuentra no le gusta a A, ¿en qué quedamos? ¿conoce las diferencias?... o ¿acaso pretende que A=B?. El sujeto A imagina la cara de satisfacción de B cuando reciba ese regalo, debe ser un regalo que le ilusione, y algo muy personal de A para que B lo recuerde como el regalo que le hizo A ¿por qué debe ser tan personal si el regalo pertenece a otra persona? ¿quién es el regalo de qué? ¿qué es el regalo de quién?... ¿acaso quiere A pertenecer a B?. A siente que ese regalo es una muestra de generosidad esencial, la expresión de su alma que se entrega a B, una extraña conexión se consagra en ese instante, es un reencuentro con el Espíritu, con la identidad del Amor y su abnegación natural, ¿el regalo persigue hacer feliz a una persona? si es así, ¿por qué B todavía no lo tiene?, si B desconoce aquello que puede hacerle feliz, ¿cómo podría saberlo A? ... ¿acaso la felicidad es una lotería? ¿de quién depende la felicidad? ¿no será que el Espiritu es espíritu en mayúsculas? ¿no será que el Amor es amor en mayúsculas? ... ¿por qué las palabras tienen que estar sobredimensionadas? si mañana decido llamar Mesa a la mesa donde como, ¿deberé reverenciarla por hacer en ella lo mismo que estaba haciendo antes?, y si me digo ahora que Mesa es la toma de conciencia de la mesa donde comía, entonces, ¿antes no sabía que mi mesa era una mesa? o ¿acaso ahora mi mesa es otra mesa? ... ¿quién se está sobredimensionando hablando así?.
El sujeto A sale de los grandes almacenes con una nueva expresión en su cara después de haber conseguido comprar lo que estaba buscando: ¿qué estaba buscando? ¿a quién estaba buscando? ¿qué es lo que está regalando?. El regalo es el objeto donde se confina nuestra libertad, el totem donde comenzamos a dispersar nuestra voluntad; puede ser el mercado de nuestros afectos cuando nos implicamos en esa dinámica de intentar agradar a nuestros próximos con el frugal compromiso de la ilusión, cuando las cosas comienzan a reemplazar la mano que se estrecha o la mirada que se entrelaza, y, sobre todo, cuando lo que entregamos es la propia autoestima que pasaremos reclamando el resto de nuestra vida mercantilizada. Vivir es un regalo, ni tan siquiera eso, vivir es nuestro trabajo; la vida no nos la están regalando, eso es una falacia, y asumirlo es tanto como decir que la vida no nos pertenece, que nosotros no somos la vida. Creo que tenemos mucho trabajo por delante: mírale, escúchale, siéntelo, respira, ayúdale, ¿quién es A? ¿quién es B?. La vida de cualquier otro importa tanto como la tuya, no la subestimes, no la desprecies, no la regales. Descubrir y sorprenderse es el gran trabajo para nacer incesantemente, más allá de cualquier programación, ya sea de naturaleza mística o terrena.
YO NO CREO EN DIOS
Simplemente te observo.
EL MITO
El mito está caracterizado por tres atributos (Lévy Strauss):
- Trata de una pregunta existencial, creación de la Tierra, la muerte, el nacimiento, etc..
- Está constituido por contrarios irreconciliables: creación contra destrucción, vida frente a muerte, etc..
- Proporciona la reconciliación de esos polos a fin de conjurar nuestra angustia.
Y desde esta ventana siento que ese es el motor que pone en funcionamiento la máquina de la mitología. Existen muchos tipos de mitos, desde históricos hasta morales, y además, yo apunto el mito cotidiano que surge de confrontar la labor personal de otros con nuestras propias carencias o nuestros propios errores al considerar carencia aquello que otros hacen y nosotros no hacemos ¿por qué?, porque preferimos ahorrarnos la miseria dialéctica y abonar el virtuosismo en terrenos señalados para genios, super-hombres o dioses que hilan nuestros destinos en la armonía del cosmos desconocido. Si desconocemos tanto del cosmos, si desconocemos tanto de nosotros mismos, ¿cómo nos atrevemos a otorgar atribuciones a lo desconocido? Por qué no hacemos memoria, para recordar cada milagro en nuestras vidas, desde el nacimiento, pasando por la lucha diaria de superar obstáculos para conseguir nuestro trabajo o completar nuestra formación, hasta terminar en esas vidas que hemos ido creando a nuestro alrededor, nuestros amigos, nuestros hijos, nuestra familia, nuestra muerte incluso. Todo eso lo hemos hecho nosotros, con nuestro instinto o nuestra inteligencia, y que decir de los logros humanos en el deporte, en el arte, en la cultura o en las ciencias; o qué decir de esos otros pequeños logros resolviendo problemas en nuestra casa o en nuestro trabajo, esa pared alicatada con nuestras manos, ese tendido eléctrico reestablecido gracias a nuestra habilidad y perspicacia, esas tuberías descongestionadas que dejan pasar el agua para llegar al grifo que abrimos, esa persona que paró de sufrir gracias a nuestras palabras oportunas. ¿Por qué buscar a otro para justificar nuestra grandeza? ¿por qué llevar nuestro destino a las estrellas o dioses que sólo tienen voz cuando la vida nos sitúa en encrucijadas? ¿por qué esperar un milagro si nosotros podemos crearlo? Por qué no tratamos de entendernos sin recurrir a soluciones simples y cómodas que nos aparten de la verdadera comprensión para dejar la respuesta en manos de otra entidad que lo sabe todo y lo puede todo; pero, si nosotros formamos parte de ese todo, ¿por qué nos excluimos de esa manera?. El mito, sí, siempre el mito. Ha sido y es la respuesta a las grandes preguntas, el alivio de nuestra angustia soterrada en nuestros abismos temporales. Y, ¿qué hay del mito de la vida? ¡Acaso es poco lo que ha conseguido en milenios de historia de la humanidad!. Bien. ¿Por qué no continuamos entonces en lugar de saltar a la invención?. Si nosotros somos el milagro, el amor, la vida, ¿por qué no pensar que nos queda mucho por descubrir ?. Puede que nos sorprendamos al descubirir que aquel mito era tan natural como el interior que escondíamos. Vamos al trabajo.
SOBRE LA MENTIRA
La oscuridad me envuelve como una red de comunicación para contactar con el taciturno, con el meditante, con quien hace amistad en solitario, con quien se enamora a escondidas, con quien invoca a sus muertos, con quien tiende los cables al silencio y se transforma en antena, en punto frontera de su alianza con la totalidad. Desde esa misma oscuridad recibo señales de lugares de insomnio y fiereza, de recodos de atmósferas enardecidas. Ahí se confunden los elementos, se mezclan lontananzas y se concentran las expectativas en la estrecha puntada de la urgencia. Me pregunto cuantas de las cosas que se hablan en los figones nocturnos, al rebufo del aliento desordenado del alcohol, son ciertas y no forman parte de las burbujas de la cerveza o de los vahídos fronterizos. Desde muy pequeños nos enseñan a beber, a recurrir a la invención para significarse y proyectarse en los esquemas sociales de éxito que son asumidos por nuestros progenitores con la esperanza de corregir su frustración en las figuras de sus hijos, carne de su carne, su continuo. Vivir es tener éxito, pertenecer al grupo de los elegidos que constantemente se va remodelando e incorporando nuevas categorias para abarcar a mayor número de partidarios. Cuando aprenden a ser otro, u otros, aprenden a beber, aprenden a reconocer los mecanismos de huida. Me pregunto cuantas de las cosas que se hablan en una mesa, forman parte de nuestro acervo o del humano fugaz que hemos aprendido a ser, recolector de aplausos, recolector de aprobaciones, recolector de iniciativas, recolector de otras vidas para incorporar a su vida errante. Desde mis ojos desprovistos de artificio, yo digo que tener éxito es vivir, reconocer al hombre que debemos colonizar, educar, cultivar, y amar. Cada uno de nosotros somos nuestro reto, nuestro nuevo continente, nuestra epopeya. El suelo que pisamos, ya está descubierto, y ahora lo estamos destruyendo, pero esto, es otra historia, o no.
GRIS, A CABALLO ENTRE EL BLANCO Y EL NEGRO
Hoy amaneció gris, cubierto de espumas con ribetes sombríos que parecen sobrecoger a los amantes de lo despejado, de lo fácil. Es un buen color porque es un color de transición, con él vienen las tormentas que luego nos dejan la calma para respirar el aire impregnado del olor a hierba mojada o de ese frescor que casi se huele sin más. Con el tiempo me siento atraído por los colores hoscos que parecen rehuír mis blancos y azules, en esos otros colores siento que tengo un trabajo que hacer, aceptarlos como vienen para no tener que negarlos cada vez que nos visitan y en ese proceso de negación activar sin darme cuenta una barrera interior, una de tantas, cinceladas a golpe de insatisfacciones y desilusiones. No. Yo sé que por encima de esas nubes pendencieras existe una meseta azul esperando ocupar su sitio. Cuando me siento mal, acostumbro a aceptar ese sentimiento, observarlo como esas nubes oscuras que nos arrebatan la claridad del día, y sé que no me pertenecen, que no van a quedarse mucho tiempo, que sólo es una pequeña tormenta para refrescar la superficie de mis rigideces, un tanto seca y quebradiza, y poder tumbarme sin miedo como un manto más de hierba.
Si crees que vivir es fácil cuando lo tienes todo tan complicado, no dejarás de agobiarte y sentirte vencido. Si crees que vivir es difícil, cuando lo tienes todo tan fácil, no dejarás de sorprenderte y agradarte por el reto que has afrontado con éxito. Si crees que vivir no es ni fácil ni dificil, no dejarás de sorprenderte y agradarte por estar tan vivo cada dia sin tener que estar sujeto a los embustes de la ilusión y de la decepción, sin tener que dar explicaciones a la vida porque tú eres su creador.
CLAVES
Olhar sem preconceitos, crer que outro mundo é possivel. Não pode se resolver conflito nenhum, em escala nenhuma, se antes não somos capazes de estabelecer as bases para o reconhecemento do indivíduo como um elemento de apoio para o crescimento humano. Imagine um ser humano que deseja, um ser humano que sonha, um ser humano que não quer ficar afastado no reparte das possibilidades; imagine um ser humano que se apaixona, um ser humano que quer mudar sua vida, um ser humano que precisa confiança; imagine um ser humano que começa se conhecer e conhecendo-se começa conhecer outros, um ser humano que pede uma chance para ser entre tanto ser proibido. Agora, imagine que ele é você, e me diz, como assim vai se ignorar?.
Imagine que conhece alguem como a Daniela. Eu a conhecí. E acho que outro mundo é possivel. Que quem é a Daniela?, esse ser humano especial, lindo e bondoso, a mulher que fecha o círculo da minha vida e com quem desejo criar meu próprio universo de planetas orbitando ao redor do sol, porque, se você sabe onde fica seu centro, a quê ir mais longe?. Temos diferênças, mas as diferênças são iguais. Questão da energia. Agora, imagine que você conhece uma mulher. (também pode imaginar que conhece um homem). -------------------------------------------------- Mirar sin prejuicios, creer que otro mundo es posible. No se puede resolver ningún conflicto a ninguna escala, si antes no somos capaces de establecer las bases para el reconocimiento del individuo como un elemento de apoyo para el crecimiento humano. Imagina un ser humano que desea, un ser humano que sueña, un ser humano que no quiere estar solo en el reparto de las posibilidades; imagina un ser humano que se enamora, un ser humano que quiere cambiar su vida, un ser humano que quiere dar lo mejor de si mismo, un ser humano que necesita confianza; imagina un ser humano que empieza a conocerse y conociéndose empieza a conocer a otros, un ser humano que pide una oportunidad para ser entre tanto ser prohibido. Ahora, imagina que él eres tú, y dime, ¿quién eres tú para ignorarte? Imagina que conoces a alguien como Daniela. Yo la conocí.. Y creo que otro mundo es posible. Que quién es Daniela, ese ser humano especial, hermoso y bueno, la mujer que cierra el círculo de mi vida y con la que deseo crear mi propio universo de planetas orbitando en torno al sol, porque, si ya sabes donde está tu centro, ¿para qué ir más lejos? . Tenemos diferencias, pero las diferencias, son iguales. Cosas de la energía. Ahora, imagina que conoces a una mujer. (también puedes imaginar que conoces a un hombre.)
CULPABLES
Decía Whitman, "yo no torturo mi espiritu ni para justificarse ni para hacerse entender, veo que las leyes elementales no piden disculpas, y no creo comportarme con más orgullo que el nivel que me sirve para asentar mi casa. Existo como soy, eso es bastante. Si nadie en el mundo lo sabe, estoy satisfecho; si todos y cada uno lo saben, estoy satisfecho.". Alguien puede pensar que era un genio por estas palabras, pero yo digo que era un hombre y habló como un hombre que se siente vivo más allá de la inocencia y la condena. Yo llevo mi carga, tú llevas la tuya, ¿por qué sentirse culpable por hacer lo que debemos hacer?. Quien no tiene carga que llevar, es un ignorante y su vida puede ser tan inútil como la ignorancia misma, una vida de espectador, acomodada en la butaca que pagó cuando se hizo mayor para entender que los niños nunca mueren y seguimos aprendiendo, no podemos dejar de observar, no podemos pensar que ya no necesitamos saber más, no debemos añadir más cadenas a la cadena que nos aferra. Qué tal, si en lugar de buscar culpables, buscamos inocentes y dejamos de ser proscritos de nuestra propia mente para conseguir ser hombres libres, sin mácula, sin daño. Nada es tan malo si tiene solución. Me gusta más pensar así, que condenarte a la eternidad de las llamas. Si a tu alrededor no hay amor, si a tu alrededor hay dolor, es porque tienes trabajo, mucho trabajo. Únete a la vida. Existe. Aléjate del dolor propio y ajeno, y verás que los demonios hacen muy poca falta.
EL CAMINO
Sales de casa, con el equipaje hecho a tu espalda. Has dejado a buen recaudo las reuniones de la semana, la cita con tu novia, el fin de semana alejado del turbulento asfalto etc... hasta que llegas a tu destino, y descubres que tu novia ya no es tu novia, que el fin de semana tan especial se convierte en un ejemplo más de la rutina, y tus reuniones se cancelan porque no puedes con la frustración. Y al cabo de los años, otra mujer, muy diferente a la anterior, irrumpe en tu vida, y acabas haciendo cosas que jamás imaginaste hacer, viviendo como nunca pensaste vivir. Entonces, si tienes suerte, puedes recordar las horas que pasaste ideando esto o aquello, el tiempo que dedicaste a controlar que todo transcurriera como deseabas, las listas que realizaste, los sueños que manejaste para mantener viva la llama de tu explosión fantástica. Nadie te dijo que el tiempo es un juego absurdo por inútil, que inventar es otra cosa, que tú eres lo que eres, y no puedes saltar por encima de ti. Nadie puede dirigir tus pasos, nadie puede vivir por ti, y cada vez que planificas estás invitando a un extraño a escribir en el bloc de tu personaje. Tú haces el camino, no el camino a ti.
EL VERBO QUE TE OBSERVA

